10 Ene Optimizar en el uso del agua, un gran reto para el sector industrial
La optimización del uso del agua es uno de los principales retos a los que se enfrentan las industrias hoy en día. El sector industrial es un gran consumidor de los recursos hídricos y, por tanto, tiene la responsabilidad de hacer un buen uso. En un momento en el que el agua es un bien escaso y donde los episodios de sequía son cada vez más recurrentes, se vislumbra un futuro en el que las empresas se pueden ver obligadas a reducir el uso del agua. Ante este escenario, la industria se enfrenta al reto de ahorrar en su consumo manteniendo el nivel de producción.
Hacer una “auditoría de agua” es una de las opciones a las que recurren cada vez más empresas. La elaboración de estos estudios, junto con el desarrollo de planes de ahorro para reducir el consumo de su actividad industrial en situaciones de falta de agua, tiene múltiples beneficios para las compañías.
El objetivo de las auditorias del agua es hacer un análisis sobre el uso que hacen las industrias de los recursos hídricos dentro de su proceso productivo. Por un lado, se estudian los consumos con el objeto de detectar posibles ineficiencias y/o pérdidas de agua. Por otro lado, se analiza la disponibilidad de agua, considerando las distintas fuentes de abastecimiento existentes y la calidad necesaria del agua para el desarrollo del proceso industrial. En este último punto se proponen modificaciones, si fuera necesario, en el “mix de agua” para optimizar disponibilidad y costes y, finalmente, se analizan los parámetros de vertido, para cumplir con todos los condicionantes ambientales existentes. El objetivo final de este tipo de estudios es proponer mejoras en el uso, disponibilidad y control del agua, analizando, incluso, posibles vías de reutilización dentro del proceso industrial y buscando alternativas para evitar el uso de agua potable. Y todo ello bajo una perspectiva de mejor aprovechamiento de los recursos, repercutiendo en una significativa reducción de costes de producción.
Además, es necesario considerar que ante un episodio de estrés hídrico las administraciones hidráulicas requieren la reducción de los consumos industriales y la presentación de planes de ahorro. Por ello, aquellas empresas que hayan auditado su consumo de agua y hayan tomado medidas al respecto serán más resilientes, verán menos afectada su capacidad productiva y tendrán mayor garantía de suministro en caso de sequía.
Por último, y no menos importante, hacer un buen uso del agua es una acción de Responsabilidad Ambiental Empresarial, cada vez más necesaria y valorada por los clientes y consumidores.
Hay que considerar también que la realización de una auditoría del agua puede facilitar el acceso a subvenciones y líneas de financiación. En un momento en el que se están planteando mecanismos de financiación pública como, por ejemplo, el PERTE del ciclo del agua, tener diagnosticadas las líneas de mejora podrá facilitar el acceso a los fondos económicos necesarios para llevar a cabo las mejoras planteadas.
ESOLVE cuenta con un equipo experto y cualificado en la protección y control de la calidad del agua, así como en la realización de auditorías, dispuesto a ayudar a aquellas empresas interesadas en optimizar el uso del agua en sus procesos industriales e implementar sistemas que optimicen los recursos hídricos.
Esta irregularidad en el régimen de precipitaciones impacta de manera especial en las aguas subterráneas. La capacidad de recarga de los acuíferos se ve reducida por dos aspectos principales, por un lado, la propia disminución del régimen ordinario de precipitaciones, que difícilmente se compensa por la recarga con los episodios de precipitaciones torrenciales. Por otro lado, el incremento de la evapotranspiración, el fenómeno que aúna la evaporación y la transpiración de las plantas y que reduce la capacidad de infiltración de agua en el suelo. Por tanto, se espera que la disponibilidad de agua subterránea vaya disminuyendo a medida que se intensifique el calentamiento global.
Se debe tener en cuenta que el cambio climático no sólo afecta a los aspectos cuantitativos de las aguas subterráneas, sino que se pueden dar casos de pérdida de calidad del agua en los acuíferos. El ejemplo más visible es la salinización de los acuíferos costeros, que se produce por una intrusión marina favorecida por la disminución de los niveles piezométricos y por un mayor aprovechamiento de las aguas subterráneas.
El foco de preocupación por el impacto del cambio climático se centra en el aumento de las temperaturas y en la modificación del régimen de precipitaciones, incrementando la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos. Pero también hay que considerar el impacto del cambio climático en otros entornos y aspectos, igualmente sensibles e importantes para el medio ambiente y que no reciben tanta atención mediática. Uno de ellos es el subsuelo, donde el cambio climático también tiene un impacto importante, tanto en el componente suelo como en el componente de las aguas subterráneas.
El suelo tiene una implicación importante en la liberación de CO2 en la atmósfera, ya que actúa como barrera de emisión y sumidero de este gas, además de ser el sustrato de las especies vegetales, que son uno de los principales mecanismos de absorción de CO2. La pérdida de suelo y de su calidad, limita esa capacidad de sumidero y de sustento de la vida vegetal. Por tanto, la conservación del suelo y su mantenimiento en el mejor estado posible es una obligación de todos para luchar contra el cambio climático.
Ahora que la COVID-19 nos ha hecho pasar más tiempo en casa, la elección de la vivienda ha ganado peso para la mayoría de las personas. El confort del hogar se puede medir en base a diferentes aspectos, desde la ubicación al espacio, la luz, el diseño, etc., pero hay algo en lo que poca gente piensa a la hora de elegir casa: la calidad del suelo sobre el que está construida y los posibles contaminantes que puede contener y que afectan a la salud.
Un ejemplo es el caso del gas radón en edificios, que ha sido regulado recientemente por el Código Técnico de la Edificación (CTE). El radón es un gas radioactivo de origen natural que en espacios cerrados puede registrarse concentraciones elevadas, accediendo a través de grietas o fisuras en el hormigón de los cimientos de una casa. Al ser incoloro, inodoro e insípido es muy difícil de detectar, por lo que se acumula en el interior de las viviendas y pone en riesgo la salud de las personas que las habitan, ya que puede provocar cáncer, de hecho, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el gas radón se sitúa como la segunda causa más común de cáncer de pulmón, después del tabaco.


La declaración de un suelo como contaminado obliga a realizar las actuaciones necesarias para su recuperación. Esta declaración se cancela cuando se comprueba que ha sido descontaminado.

La erosión más grave es la química, que hace que el suelo pierda sus nutrientes y merma su fertilidad. Pese a que tras los incendios la materia orgánica se mineraliza y nutre el suelo, este fenómeno dura muy poco y esos nutrientes se pierden rápidamente. La realidad es que la mayoría de los elementos nutritivos se pierden en la atmósfera debido a que la combustión los transforma en volátiles y otros se pierden disueltos en las aguas corrientes, por lo tanto, el suelo pierde fertilidad.
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